Ante la inminente llegada del fenómeno climático de «El Niño», caracterizado con una intensidad de «fuerte a muy fuerte», el sector agrícola de la principal región productiva de la Argentina ha decidido dar un rotundo «volantazo» en sus estrategias de manejo de lotes.

Según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), publicado el 20 de agosto de 2026, los técnicos y productores están adoptando planteos «ofensivos» para maximizar el rendimiento hídrico, marcando una preparación sin precedentes en las últimas dos décadas.

Tras varias campañas consecutivas marcadas por la escasez de agua, las proyecciones climáticas para la Región Núcleo anticipan un notable incremento de las precipitaciones en el último trimestre del año. Las estimaciones de la GEA/BCR prevén un aumento de lluvias del 30% en octubre, un 70% en noviembre y hasta un 90% en diciembre.

A diferencia de campañas anteriores, la región inicia este período con reservas de agua en los perfiles de suelo calificadas de «regulares a escasas» en el 80% del área. Esta condición inicial, sumada a una proyección de anomalía fría en el océano Atlántico de septiembre a diciembre -que evitaría aportes adicionales de humedad-, representa un alivio para mitigar el riesgo de inundaciones tempranas, especialmente en el este de la región central.

Las cuatro estrategias del planteo ofensivo

Para transformar el abundante recurso hídrico en producción efectiva, los asesores técnicos están implementando cuatro medidas principales:

  • Ajuste en la fecha de siembra (38% de las menciones): Se busca adelantar la implantación de los cultivos de verano. En maíz temprano, se planifica un adelanto de una a dos semanas para posicionar el período crítico en diciembre y evitar los golpes de calor de enero. En soja de primera, se prevé iniciar las tareas entre el 10 y el 15 de octubre (adelantándose al inicio habitual del 20 de octubre), mientras que en soja de segunda se busca sembrar lo antes posible para ganar kilos por hectárea.
  • Manejo sanitario preventivo (23% de las menciones): Bajo la premisa de «más agua, más enfermedades», se ha intensificado el monitoreo de trigo y se planifican controles estrictos para los cultivos estivales frente al desarrollo de patógenos foliares.
  • Selección de ciclos y grupos de madurez (15% de las menciones): En soja, se incrementará el uso de grupos de madurez más cortos, específicamente los grupos IV y IV cortos, para optimizar el aprovechamiento de ambientes con alta productividad.
  • Incremento de la densidad y fertilización (8% de las menciones): En regiones como Corral de Bustos y Monte Buey, los productores proyectan añadir entre 5.000 y 10.000 plantas de maíz adicionales por hectárea, acompañadas de dosis superiores de nitrógeno.

Asimismo, las perspectivas hídricas están impulsando una mayor proporción de maíz temprano sobre el tardío en el norte bonaerense, revirtiendo la tendencia defensiva de los años de sequía [8]. Únicamente en los lotes con antecedentes de anegamiento se postergará la siembra hacia maíces tardíos.

Obras de infraestructura

La principal preocupación del sector radica en el elevado nivel de las napas freáticas, que en algunos campos altos se ubican a profundidades de entre 90 centímetros y 1,40 metros [9]. Por este motivo, se registran intensas labores de limpieza de canales y acondicionamiento de caminos rurales en la región para asegurar el drenaje y la logística.

Por otro lado, el trigo mantiene una condición óptima, con el 95% de los lotes calificados entre excelentes y muy buenos [10]. Actualmente, el 70% transita la etapa de macollaje y el 30% restante ha ingresado en encañazón, mostrando una excelente nutrición nitrogenada en zonas como Pergamino. No obstante, los técnicos permanecen en alerta debido a las primeras detecciones de mancha amarilla en Pergamino y Venado Tuerto, favorecidas por la persistente humedad y el paulatino aumento térmico.

Finalmente, la cosecha de maíz tardío de la campaña previa continúa demorada por las lluvias y la persistente humedad de los granos, habiendo alcanzado apenas el 77% del área y restando unas 65.000 hectáreas por trillar.

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