En los últimos tres años, la superficie de cultivos como carinata, camelina y colza en Argentina ha experimentado un crecimiento exponencial, pasando de 30.000 a aproximadamente 170.000 hectáreas, según un trabajo publlcado por la Bolsa de Comercio de Rosario.

Estas oleaginosas ganan protagonismo no solo como una opción rentable, sino como herramientas clave para la sustentabilidad de los sistemas productivos.

Estos cultivos funcionan como «cultivos de servicio con renta» o puentes verdes, ocupando el suelo durante el barbecho invernal. Entre sus principales ventajas agronómicas destacan el desarrollo de raíces profundas que favorecen la descompactación del suelo, una alta producción de biomasa que mejora el balance de carbono y el control natural de malezas.

Impulso por la bioenergía sustentable

El desarrollo de esta cadena está fuertemente traccionado por la demanda global de aceites con baja huella ambiental. El destino principal es la producción de biocombustibles avanzados, como el Combustible Sostenible de Aviación (SAF), que permite reducir hasta en un 80% las emisiones de gases de efecto invernadero en el transporte aéreo.

Distribución y desafíos Actualmente, Entre Ríos es la provincia con mayor superficie implantada, seguida por Buenos Aires y Santa Fe. No obstante, el sector enfrenta el reto de traducir estos beneficios ambientales en valor económico concreto para el productor, lo que requerirá avanzar en esquemas de certificación y mejora de la infraestructura logística y genética.

Según expertos, la disponibilidad de tierras libres en invierno posiciona a la Argentina como un actor estratégico en la transición energética global.

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