En una nueva edición del Congreso Aapresid, la compañía Yara marcó presencia con una propuesta que combina la eficiencia productiva inmediata con una visión de largo plazo hacia la sustentabilidad.
Juan Ignacio Holtz, gerente comercial para la Región Sur, y Emilio Iglesias, director global de Yara Climate Choice, compartieron los avances de la firma en términos de lanzamientos de productos y tecnologías para la reducción de la huella de carbono.
Juan Ignacio Holtz destacó el lanzamiento de Yarabela Nitromag Z, un fertilizante que ya mostró excelentes resultados de adopción durante la última campaña de trigo. Según el profesional, la recepción por parte de productores y distribuidores ha sido muy positiva, permitiendo un acompañamiento cercano en los lotes para verificar el aumento de la productividad.
La clave de este producto reside en la incorporación de zinc, el micronutriente de mayor impacto y adopción en los últimos años. Holtz explicó que, tradicionalmente, el zinc se aplicaba en la siembra, pero con esta tecnología se puede aportar junto al fertilizante nitrogenado en estadíos vegetativos, que es cuando la demanda del cultivo se dispara.
El producto, basado en nitratos, genera una sinergia que favorece la absorción del zinc, ofreciendo en una sola aplicación nitrógeno, calcio, magnesio y zinc.
Como ventaja logística, se planteó que el productor puede elevar sus techos de rendimiento sin realizar modificaciones en su operatividad habitual, ya que el fertilizante se aplica de la misma forma que las fuentes tradicionales.
El abastecimiento está asegurado, con buques que ingresaron al país desde el mes de abril y nuevas descargas en curso.
Descarbonización para una producción limpia
Por su parte, Emilio Iglesias detalló la misión global de la compañía para reducir el impacto ambiental de sus fertilizantes. Actualmente, los productos de Yara presentan un 50 por ciento menos de emisiones en comparación con competidores de otros orígenes, como el mercado ruso o chino.
Sin embargo, el objetivo final es alcanzar una producción totalmente descarbonizada a través de dos vías tecnológicas.
Una de ellas es el amoníaco Verde. Es producido mediante electrolizadores que separan la molécula de hidrógeno del agua utilizando electricidad. Si bien es la meta final, Iglesias aclaró que aún es una tecnología costosa y difícil de escalar masivamente.
La otra opción es la captura de Carbono. Consiste en capturar el CO2 generado durante el proceso productivo tradicional, licuarlo y almacenarlo en el subsuelo para evitar que llegue a la atmósfera. Esta herramienta es actualmente más asequible económicamente y con mayor potencial de escala inmediata.
El futuro de la huella de carbono en el mercado global
Iglesias advirtió que, aunque hoy el consumo de productos descarbonizados es un mercado de nicho buscado principalmente por grandes empresas de alimentación o de biocombustibles, se trata de una tendencia irreversible. «En unos años, al productor le van a pedir su huella de carbono porque le van a comprar acorde a esa emisión«, señaló el directivo, enfatizando que la misión de Yara es adelantar estos cambios al sector.
Finalmente, al comparar el mercado argentino con el europeo, Iglesias resaltó la escala masiva de Argentina como «granero del mundo», frente a una España enfocada en cultivos de alto valor añadido con un uso extremadamente eficiente del agua y los fertilizantes debido a la escasez hídrica. «Allí se busca la utilización del fertilizante justo en lo que necesita cada cultivo», concluyó, subrayando la importancia de la eficiencia en cualquier modelo productivo.
