La campaña triguera en la zona núcleo argentina ha logrado superar la incertidumbre climática inicial, alcanzando la meta de 1,6 millones de hectáreas (M ha) implantadas, según informò la Bolsa de Comercio de Rosario.
Aunque esta cifra representa un 12% menos que la superficie sembrada el año pasado, el cierre de la ventana de siembra se considera un éxito técnico dado que, hace apenas una semana, la persistencia de lluvias y la falta de piso ponían en duda el cumplimiento de unas 100.000 hectáreas pendientes en el norte de Buenos Aires.
El factor determinante para completar las labores fue el ingreso de una intensa masa de aire polar acompañada de viento seco a principios de julio. Estas condiciones permitieron que los lotes se «orearan», facilitando el ingreso de la maquinaria para completar tanto los ciclos intermedios como los cortos, incluso en zonas donde las tareas se habían postergado por más de diez días.
El descenso térmico fue drástico, con heladas de amplia cobertura y mínimas que alcanzaron los -8,2 °C en Idiazábal, -5,6 °C en Junín y -5,3 °C en Rosario. No obstante, los especialistas señalan que este frío extremo es, en términos generales, favorable para el cultivo. En áreas del centro-sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba, la combinación de bajas temperaturas y buena humedad en los perfiles está promoviendo un desarrollo inicial muy satisfactorio, aunque en algunas variedades más sensibles se ha observado un ligero amarillamiento de hojas y una emergencia más lenta de lo habitual.
Costos al alza
A pesar del prometedor inicio productivo, el sector enfrenta un escenario económico complejo marcado por el aumento de los «rindes de indiferencia». Si bien el precio de la urea mostró un retroceso reciente, otros componentes clave de la estructura de costos mantienen una fuerte presión sobre la rentabilidad del productor.
- Arrendamientos: La competencia por la tierra mantiene los alquileres en niveles históricamente altos. En zonas como Piedritas, los contratos que hace unas temporadas se cerraban en 14 o 15 quintales de soja por hectárea, hoy se sitúan entre 16 y 17 quintales.
- Servicios y Combustible: En localidades como María Susana, se reporta que los costos de servicios —siembra, fletes y cosecha— han crecido más del 30%, impulsados principalmente por el fuerte incremento en el precio del combustible.
De esta manera, aunque la campaña fina muestra un alto potencial productivo gracias al estado actual de los perfiles hídricos, el éxito final de los productores dependerá de su capacidad para gestionar una estructura de costos que no cede.
