El tramo final de la campaña fina en la región núcleo enfrenta un escenario crítico.
A pesar de que la siembra ha alcanzado un avance del 92%, unas 100.000 hectáreas de trigo se encuentran en suspenso debido a una combinación de factores climáticos y logísticos que amenazan con dejarlas fuera del ciclo productivo.
La principal complicación radica en la falta de «piso» provocada por el barro, consecuencia de las lluvias otoñales y las precipitaciones de la última semana. En el norte de Buenos Aires, donde aún resta implantar el 17 por ciento de la superficie proyectada, las lluvias coincidieron con la ventana óptima de los ciclos largos, ralentizando drásticamente el ritmo de trabajo.
A esto se suma la dificultad para conseguir semillas de ciclos cortos, necesarias para adecuarse a las fechas actuales de siembra. En sectores del sur de Santa Fe, como Fuentes, los productores están sembrando en condiciones poco adecuadas con la urgencia de terminar, mientras que otros ya evalúan desistir del trigo para sumar esos lotes a la próxima siembra maicera.
El factor «Niño» y la baja de la urea
A pesar de las dificultades inmediatas, el escenario de fondo ofrece incentivos. Por un lado, la reciente baja en el precio de la urea motiva a muchos productores a seguir adelante para potenciar los rendimientos. Por otro lado, las proyecciones climáticas apuntan a un fenómeno «Niño» de intensidad fuerte, lo que sugiere que, por primera vez en años, la falta de agua no será una limitante para los cultivos.
El clima invernal se ha instalado con fuerza, y se prevé que el viernes 3 de julio sea el día más frío del año, con temperaturas mínimas que podrían alcanzar los -7°C en algunos sectores de la región. Si bien el frío extremo ralentiza la emergencia de los cuadros sembrados recientemente, los productores del norte del país esperan que estas heladas generalizadas ayuden a reducir significativamente la población de chicharrita, una de las mayores amenazas para la campaña de maíz.
Diversificación
Ante la incertidumbre del trigo y la pérdida de terreno del girasol por el riesgo de anegamiento ante un año «Niño», otros cultivos de invierno ganan protagonismo.
La camelina, la carinata y las legumbres como la arveja están dejando de ser rarezas para convertirse en herramientas clave de diversificación.
Según técnicos de la región, estos cultivos permiten mantener los lotes cubiertos, mejorar la estructura del suelo y ofrecen márgenes atractivos con menores requerimientos de fertilización nitrogenada.
