El sector agrícola argentino atraviesa una transformación con la consolidación de las oleaginosas invernales —carinata, camelina y colza—, cuyo destino principal es la industria energética global, específicamente la producción de combustible sostenible para aviación (SAF). A diferencia de los cultivos tradicionales, estas cadenas operan de manera integrada, asegurando al productor la provisión de semillas, asistencia técnica y la compra garantizada de la cosecha mediante esquemas contractuales.
Un factor clave para el crecimiento de estos cultivos es la previsibilidad comercial. Los precios de referencia se establecen antes de la siembra, utilizando cotizaciones internacionales como el mercado francés MATIF para colza y carinata, o la soja en Chicago para la camelina. Además, Argentina ya se destaca como el primer exportador mundial de carinata, proyectando un inicio del procesamiento local para este año, según una publicación de la Bolsa de Comercio de Rosario.
La industrialización también muestra avances significativos con la inauguración, en enero de 2026, de una nueva línea de molienda en Timbúes (Gran Rosario), con capacidad para procesar 3.000 toneladas diarias de estas semillas. Este desarrollo busca cumplir con las exigentes certificaciones de sostenibilidad de la Unión Europea (normativa RED III), requisito indispensable para acceder a los mercados energéticos regulados.
Con un potencial estimado de más de 10 millones de hectáreas aptas para estos cultivos, Argentina cuenta con las condiciones estructurales para consolidarse como un actor de peso en la transición energética global. El éxito de esta apuesta dependerá de la capacidad del sector para mantener la articulación entre los eslabones de la cadena y asegurar la trazabilidad exigida por el mercado internacional.
