Tras un inicio de año marcado por abundantes precipitaciones en diversas regiones del país, el consultor de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alfredo Elorriaga, trajo tranquilidad al sector al asegurar que se espera un escenario de lluvias normales para el semestre frío.

A pesar de los temores generados por los acumulados de hasta 300 mm registrados en abril y el recuerdo de las inundaciones sufridas durante el 2025, los expertos sostienen que las expectativas catastróficas para el 2026 carecen de fundamentos concretos por el momento. La diferencia clave con respecto al año anterior radica en el comportamiento del océano Atlántico, que para este invierno proyecta un enfriamiento significativo entre julio y septiembre, lo que evitaría el aporte de humedad excedente que caracterizó al ciclo previo.

La realidad sobre «El Niño»

Respecto al fenómeno de «El Niño», si bien los datos de la NOAA confirman una tendencia clara hacia su desarrollo, Elorriaga enfatizó que aún no hay certeza sobre la intensidad que tendrá. Por lo tanto, términos como «Super Niño» o «Niño Godzilla» son considerados especulaciones, ya que para confirmar un evento de alta intensidad se requieren valores de anomalía térmica por encima de los 2,5 °C durante varios periodos seguidos, algo que recién podrá evaluarse entre julio y agosto.

Se prevé que la influencia real de «El Niño» sobre el régimen de lluvias en Argentina comience a manifestarse recién a partir de octubre o noviembre, extendiéndose hasta marzo de 2027.

Perspectivas para la campaña agrícola

Este escenario resulta alentador para los productores argentinos. Se destaca que la campaña fina (trigo) comenzará con excelentes reservas de agua en los perfiles y napas recargadas gracias a los aportes de marzo y abril.

Se esperan condiciones estacionales normales para el invierno, sin los excesos hídricos del año pasado, y existen buenas perspectivas para la siembra de la cosecha gruesa a partir de la primavera,.

En conclusión, el cambio en la circulación atmosférica y la falta de humedad adicional desde el Atlántico sugieren una normalización del clima que otorga previsibilidad para las decisiones de siembra y cosecha en los próximos meses.

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