En la primera JAT de Supra Semillas, especialistas advirtieron que la pérdida de infiltración desperdicia hasta el 40 % del agua de lluvia y destacaron la pala como herramienta esencial de diagnóstico.

La compactación del suelo suele permanecer oculta hasta que el cultivo manifiesta síntomas visibles: emergencia despareja, diferencias de desarrollo y raíces con crecimiento restringido. Durante la primera Jornada de Actualización Técnica (JAT) de Maíz organizada por Supra Semillas, un panel de especialistas analizó cómo esta degradación física afecta la productividad. Fernando Giachetti, gerente de Desarrollo de la marca, advirtió que la compactación condiciona el uso del agua y genera brechas de entre 1.000 y 2.000 kilos por hectárea entre lotes vecinos sembrados en la misma fecha y con el mismo híbrido.

El deterioro estructural afecta incluso a los planteos agrícolas puros. Lucas Scozzina repasó ensayos en 9 de Julio donde un suelo descompactado con paratill logró infiltrar el agua en un minuto, frente a más de una hora en el sector compactado. Sobre este punto, el especialista Cristian Álvarez reveló que, según estudios realizados con el INTA, de cada 100 milímetros de lluvia caídos en el país, el 40 % se pierde por falta de infiltración. Este líquido escurre o forma charcos, provocando falsas napas, saturación e incremento en la lixiviación de nitrógeno.

Para detectar el problema, Joaquín Panadeiro señaló que las imágenes satelitales y los mapas de rinde no alcanzan, siendo indispensable usar la pala para hacer calicatas y observar textura y raíces. Finalmente, Álvarez remarcó que la solución requiere integrar corrección mecánica con cultivos de cobertura, nutrición estratégica y manejo del tránsito. «Corregir esta limitante no solo transforma la eficiencia del agua en maíz, sino que potencia todo el esquema de rotación con soja, girasol y trigo», concluyó.

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